Está todo bien

Me matan si no trabajo y si trabajo me matan.

Yo no vuelo porque me da vergüenza.

Porque te queda grande la de esta habitación y chicas las de afuera. Porque algo está roto en el magno, porque no podrías, porque es preferible la valija a lo conocido pero que no porque te queda chico algo, o grande, o qué sé yo.
Porque a mi madre las charlas.
Porque a mi padre los chirlos, porque a mis hijos y por qué a mí.
Porque la sopa no se hace y quien la hacía. Porque la fiebre miente pero no alcanza.
El calor de re con el pibe en los hombros.
La muñeca. La mano, las fricciones de alcohol, la pereza
Que se justifica porque si.
Morir. Lo innombrable. Despedirse. Explicar.
El hombrorrible. Se sorprende porque es así. Porque duele acá.
Carroña. Percutores en venta. Epoxi con formitas. Desol a sol.
Asol. Clavo sumergido bajo el plexo. Lo perverso del anfitrión que educa.
O pretende. Y paga cobrando. La mano. Si se soltara como cuando le dio la corriente,
la soga misma que torció y casi rebana el blanco. No se presentó sino hasta la despedida. El ruido de los tendones guitarreados en desafinados 40.
Miles. Sin mí a la redonda. La terraza desierta como trampolín hacia la paz.
La sal sobre el piso y la risa sonrisa, la paz.
Pero el ancla. Llega el arroz y se mezcla el aire. Se revuelve todo pero la terraza sigue. Helada.
Me veo cara al viento veloz, más veloz. Más veloz. Segundos. Un día de estos.
Tu talento vale 4000. Bien valen. Entiendo la enfermedad por comparación.
Ahí si que es perfecta. Nada que hablar. La hiere. Hiede.
Lo virginal relacionado a los primeros trabajos. Y luego tantas páginas.  Desvestidos.

Lo penoso, lo maquinal. El todos los días, los Santos días.
El cómo es que se depende. Del no se nombra desde hace cuánto que ni lo nombro.
Mañana, cuando me desocupe, cuando la venganza. Cuando el gracias, gracias.
Los que mejor de amigos que no tenerlos, que perderlos y encontrarlos.
Los que inventados, los que vestidos y
Los que en el auto, los que te llevo, los que te traigo y te vas.
Los que adelante y los que correte.
Los que una fruta, los que comprame, los que hasta acá.
Los que te estudian los que te saben.
Los que se prenden y te desprenden, te desocupan y se van.
Los que se van.
Los que no van.
Los que diván.
Porque al amanecer es lo mismo. El hielo en la espalda, los martillazos.
Haber vuelto a escuchar la palabra solución. A saber que existe.
Un desayuno despierta.
Una noche dormida.

Las manos flojas, la calma am, la reventada calma que nunca.

Ya no hay refugio.

Calicanto




Las ramas han muerto. Pilones de ellas
se amontonan en la tierra. Canto
el sol nos prepara para el fuego. Dice
yo no le creo. Que también los hombres
que no sólo las ramas. Han muerto.
 
Negar el deseo ajeno del exabrupto como culpable método hacia la liberación.  
Hay un escrúpulo escondido detrás de la taza que me evita la ofensa de ofender como última terapia. De la taza salta la música que he venido descartando de mis mejores listas.
Lo inflexible del dolor se aprende cuando hay que dejarlos llorar hasta que se duermen. Uno queda extenuado, reducido a sombras, con una intranquilidad que no tiene contenido. Verbal.
Con cada perturbación, el cansancio y el hastío llegan como único sistema para alcanzar la manifestación de alguna gana que se anime a luchar contra la gran excusa.
Aceptar el deseo ajeno del exabrupto como demostración cabal de lo que soy, de lo que sabemos que podría hacer, como ejemplo de la naturaleza armónica que alcancé a través de toda una vida de estudio del alma que resisto. Perpleja.
La memoria es una depravación noble, una debilidad primaria; y el recuerdo, un estado aberrante, una obstinación tardía que se estrella contra los acontecimientos como polillas fantasma sobre faroles apagados.
La memoria es el origen desapasionado de cada acto, el rubor inexistente al abrigo del abanico de expectativas, la naturaleza fúnebre de la catarsis, porque nada de lo que he sido subsiste intacto en este bosque de cuerpos.
Me acerco al acto, a tomar mi posición en la vida, sólo para huir y que siempre quede a un costado algo inmaculado, algo que aún sea posible de perder. Rabioso.
Respiro en la oscuridad, ojos cerrados como paciendo treguas y sintiendo al aroma que se esconde de recitarme las frases que reconcilian mi confusión.
Cómo hacer si no creo en las voces pero me aterro ante el silencio.
Cómo si negar o aceptar tampoco alcanza para nada?

Stolen birds into no one's matchbox

La materia sirve sólo para que yo exista.
El tiempo, para que no me ocurra todo en un único momento.
El espacio, para que no sea sólo a mí a quien le sucede.
Y la energía, para que yo pueda soportar todo esto.

Obligado y desprolijo canturrea el deseo a través de la frente deliberadamente entornada sobre los ojos. Quizás sea buscando una teoría sobre todos los interrogantes que haya decidido que ya basta, que la cosa es así, que es mi boca la que no continúa ocupando el espacio que sobra en la casa y que por eso yo soy la culpable de este vacío un poco más grande que el anterior.
Mi gestión (estoy absolutamente segura) atravesó en diagonal todas las posibilidades del desierto con la lógica y consecutiva formación de llagas y durezas. Recorrí sin licencia las semanas que siguieron a la primera noción de confianza y vi pasar por delante de mis ojos todo lo que aún me quedaba de vida. Hasta cuándo vamos a respetar a las coreadas voces que nos dijeron cuánto hablar, cómo amar, cuándo dejar de respirar?
Decían que sin ellos yo no iba a poder imaginar ni sosegarme. Pero ellos huelen tan mal (y nunca supieron seducirme para que yo abriera las piernas). Ellos desgastaron el fuego hasta que ya no importó y me senté contra la pared (creo que para ver cómo iba dejando de subir mis fósforos al escenario).
Qué inútil, qué manera estúpida de hostigarlos. Y sin embargo de a ratos creo que no fueron ellos la razón, que en los fósforos hay un deseo más profundo que el mío inexistente y que es eso lo que los mantiene en la caja y alertas.
Si al menos yo hubiera dormido menos y soñado más no sería este animal enloquecido que fija su propia intermitencia entre la distancia y el alejamiento. Si al menos yo hubiera rimado en lugar de conjugar.
Pero cómo iba aprenderlo si todo lo ocupaba la urgencia del espanto.

Versículo

 
En la pobreza tibia del gatearme el alma
Yo te rezo dulce, claramente verso
A veces te exudaba en letras
Vos, en ellas
Parecías de hormiguitas
Y cuánto desconcierto!
Cuánta gravedad!
Qué perturbador era verte
Caminando sin tu boca

Describa aquí mismo su microclima y mándelo por mail. Nuestros tahúres sabrán ocuparse como el caso grite, contestarán sabiendo del secreto de sumario. Acá (en la isla) tenemos abogados amigos, amigo, por eso estamos tranqui, sabe. Haremos un eco asociativo de cada una de sus letras, las tamizaremos de recuerdos creados, corregiremos sus silencios con apropiados saltos creativos y haremos debates básicamente técnicos sobre los carozos que le laten en las yemas. Pasaremos el contador para medir lo radiactivo de sus retoños, caramelito, y le curaremos los contornos fotosensibles que lo distraen de la palabra carne. Dicotomizarele yo misma cada esquizita mitad en cuartos estilo Luis 16 y le arremangaré la cabeza para que su cuerpo sea extraído sin demasiado vuelco. Ese es el plan. O podemos jugar a las metaforitas de dios, yo te cuento una y vos me la retrucás con algo de mayor vuelo, de magnética ausencia, aséptico, deslatigado, sin sílices ni filo. Eso se publica, no chocolatín? Siempre habrá un lugar, una libreta de a bordo con un cinturón de explosivos para lo académico de los sentidos haciendo signos con lo humano en vísperas, espesando la sintaxis, evitando el áspero abismo del tedio que nos irrumpe en las palmípedas caras de la inteligencia, poniéndole curitas a los cráteres semánticos. Mis medias tienen asma. No comas fritos. Llevás abrigo, mi amor?

Ahora si, el post glacial:

Qué feroz la diferencia prolijamente dispuesta en la gran mesa de las comparaciones. De noche tu féretro itinerante me ríe y yo cierro los ojos como para no asfixiarme de tu espacio. La clave está en que vos no me nombres, quisiste decir, pero sólo querías que me quedara quieta. Por suerte yo corrí y bajé las escaleras de a cuatro renglones y me escondí detrás del… (estoy contando el pecado como en las películas de malos y podrían usar esto en mi contra) y me escondí. Para afuera. Si. Y punto.
Y después lo que ya sabés, esa móvil coincidencia y la metástasis de inutilidad en todos los páramos del rapto. Toda la mesa de la razón olvidada en el licuado fatal del relieve de las sombras, acuarela que poco le concede a la fantasía, aunque no creo que te acuerdes de esa parte del amor en la que yo levanto involuntariamente un pensamiento de la nada y mediante un sol de un ciclo atérmico, como biela bloqueada de irreflexión tácita y constante, le cambio el color a las tazas sólo para que queden como éramos, ávidos por comprender (paladear, saber) este pasquín clásico de sonetos, de cuartetas prolijas, de semántica perfecta, lengua viva, hasta finalmente elegir el ritual sórdido y cómodo de no querer más. Un bloqueo militar a la retórica, a la dialéctica. A la posibilidad incómoda, elíptica, de hechizar, de transformar la desazón en un troquel con cientos de salidas.
El ser y su inacabable potencialidad son sólo una amenaza de destrucción, me dijiste desde adentro, sabiendo que yo no te iba a creer tanto, pero hoy leí: “el calorcito en los bolsillos” y pensé en vos, que siempre me hacés desairar a las letras. Pensé en la frase como gran big bang de algo, como elemento vanguardista de la pluma fuente, del cesto de flores de porcelana helada, del pesado crisol que se forma entre la red y los paraguas.
Podría estar enhebrando un deseo cualquiera, o enmendándolo, con la certeza de que ésta vez te gano antes de abandonar con cualquier excusa (muerta por incurable), en el tiempo que se filtra por debajo de tu tiempo mientras sesentayocho tortugas me amputan sin miramientos de lo que no se hizo y del a tu lado yermo. O podría estar mezclando en este mismo instante más de diez personajes en algún tratamiento escandaloso y divertido que afloje las bisagras de ese cofrecito que nunca abrigó nada. Porque es esa diversión que roza lo infecundo la que me libera el endometrio del alma.
En otro orden de cosas, es asombroso cómo crece el cráter de mi dedo. Una boca purulenta resuelta a no cesar en su grito de asombro cerrado, un arco de introducciones y exorbitancias, un canal de parto en alguna otra dirección. Sin códigos. La piel se pela en corazón. Es que la fiebre por vía dental suele ser peor que la de las cucharadas de leche.
Los planetas comenzaron a segregar extrañas sustancias, dijo hoy Clarín. Infosiesta se abstiene y la Página de los calientes duda. Un vinito te tomás? Para cuando ardas en brasas de melittas, el café ya va a estar cicatrizado y el tapón de la pizarra un poco más pesado que anoche.
La basura inhóspita es desesperante. Plastiquitos en flor, suculentas plazas investidas del gozo de caducar. Un papel crep, una cimitarra que intercepta a los que vienen, esa intención que sobra cuando lo que falta es el apuro.
Y los restos orgánicos quedan siempre encerrados, nadie más que nosotros lo sabe.
Estuvo bueno imaginarte tranquilo mientras todos ocupábamos los marcos. Algunos de cuadros, otros de puertas que no cierran. Yo no le dije nada a nadie. A veces es mucho mejor callarse y que el empeño por penetrar cada lamparita de cada mísera guirnalda de fandango rural pague por nosotros. No!… esas luces no son blandas, carboncito, le diría, pero no tiene sentido. Igual se empeña, pobre, contra los faroles. Y finalmente cae semimuerto, a los pies de un boleto escolar que no vale más que sus sueños, enfermos de muerte, gastados de batallar, como las primeras vidas se cansaban ensayando muertes también primeras, creyendo que hay alma y descansando de a ratos en eso, inventando instrumentos, y con ellos sonidos y arquetípicas ideas, nuevas en cada propio paradigma. Algo así, pero mejor expresado, porque claro, a punto de morir de tanto golpe transparente ni siquiera me arreglo, ya ni me peino.
Que estés intentando aunque sea de costado o por lejano, arrimarte a la sola idea de desentramar uno solo de mis más ridículos conflictos, me honra, pero igual, no me hagas demasiado caso…

Arde al Circo




Detrás del espejo hay alguien intocable. 
Soy yo, que me sopla a los ojos, espaldas adentro
 
El feto se inscribe, tiembla mutilado alrededor de los bordes
El mundo es un muro nebuloso para el cadáver miniatura

Desdentada

Se entretiene penetrando corazones por la boca

La lengua callosa de ya no hablar de nada
De asco al viento
Todo se reduce a una banal desenvoltura

Perfume de señora ausente

Yo soy su episodio más destacable

De pie, genéticamente inaccesible
Mi padre obtiene la vejez
Según él, un incidente menor

Schlaf, Kindlein, schlaf

Quisiera quedarme a glosar mi aparecer, mi desaparecer
Pero no
Debo acompañarme hasta la cama


Tengo que dejar de tipear
Está cerca el comienzo de una buena noche
Y nadie debería despertarla

(no estoy)

No me esperé nunca una reacción así, pero una tarde me tomé un avión y maté a una azafata a golpes. No podía frenar mi puño. Desde mi cabeza yo sólo veía mi mano darle y darle. Yo simplemente miraba cómo mi mano iba y venía sin parar.
Después llegaron las pastillas y la musiquita y el olor a encierro.
Había llegado a la cima revolucionaria.
Voy a matar a mis padres a cuchillazos ni bien me dejen salir del tranquila, tranquila.
Y después voy a subir al transporte escolar. Voy a salir a buscar el sol con un paraguas, jazmín negro de la tristeza, como toda compañía. Que no tenga que pensar ni una sola vez en que el miedo no está hecho para asesinos como yo. Yo puedo aplastar autos con mi pulgar mientras cuento las historias más hermosas.


Alas que estallaron en pájaros. Pájaros que explotan en abejas.
Pulso quebrado, madera y aguijón.
Hay un viento abandonado que se mueve entre dos verbos y una palabra que contiene a los silencios.
Voces puestas sobre imágenes que no saben decirlo.
Y siempre hablando solos todas las palabras que no queremos escuchar.
Estará el sentimiento tan alambrado o será otra pose que busca destinatario?
Tanto sol ingresándole a mis seres imaginarios, emocionalmente vacíos, como libros cerrados con perfume a esquizofrenia.
Pocos son los huesos que verán el sol. La vida o la tierra, algo siempre los tapa. Estarán ellos preparados para verlo?
Engaño al tiempo cerrando mis ojos bajo nubes sin memoria.
Mi alma, mientras tanto, se escurre en sueños ajenos.
Mi realidad y tu ilusión son casi la misma cosa. Ya no quedan pájaros.
Una aparición desacertada, cruel, como una sola nube blanca en una tarde de campo, me lo recuerda.
Planeo sobre el río. Voy siguiendo mi reflejo esperando ver llegar la madrugada, que tampoco es nunca la misma.
Caigo
Sobre ella y la desarmo
Los peces sabrán que hacer con los pedazos
También se desarman el bosque y las ciudades
Símbolos que escriben en mi nombre
Todo me llama hacia mi cama, que sigue tan vacía.
Pero voy a venir y me voy a atrapar entre mis cinco dedos como a una mariposa y me voy a proteger de las lluvias en mi jaula.
Quién ganará?
Quién te dijo que yo soy más hermosa cuando vuelo?
Yo solo quisiera ponerme de pie.

Semillas de papel

- Todavía escribís?
- Desgraciadamente

- Elegí un nombre para vos, que yo voy a elegir el mío.
- Ayudaría en algo mentir nuestros nombres?
- Si, porque al despertar, no habremos sido nosotros.


Encías intangibles, cera sobre las noches que recuerdan meses de angustias recicladas que ya no esperan más que una dolorosa dentición de manteca y sangre. Nunca se sabe qué tan talentosa va a ser la liturgia a verter en los moldecitos. Nos falta criterio frente a cada puerta que nos finge calma por quieta. Nos falta criterio pero no aliento. Ni ritmo.
Cuántos litros de colonia? Cuántas veces vamos a tener que saludarnos con simulacros de verdad para llenarnos de talismanes las vidas?
Quiero que dejes de sangrar.
Amar sin aturdir, me pidió el cura.
Yo ya sé que no te gusta oír mis relatos sobre mis limitaciones fantasmas (me voy a quedar en silencio hasta que te vayas a través de mi abracadabra de vino y video)
Amar sin tareas, me dijo. Por eso yo cada día me olvido de todos tus nombres. Quién más que tus nombres podría destruir mi cara estúpida? Bastante tengo con el eco.
Yo le tengo miedo a las cartas que sonríen. El cielo cambia de rumbo cuando yo digo tu nombre.
Nunca supe qué hacer con tanta ciudad ni con sus venas de buenas costumbres y de várices humeantes.
Yo siempre fui enemiga de los puertos.
Yo no supe amarte.
Yo ya no tengo amor, ni ganas de tenerlo y qué pena si la vida me hace creer que, al igual que la muerte, no está dispuesta a llegar enseguida.
Yo ya no te puedo convencer ni seguir en este delirio colectivo.
Celebro ojos que rebotan sobre malas compañías. Cada nueva intención es más débil por temor a quedar como quedé cuando acepté salir de entre los carbones que me escondían del monstruo.
En mi mano derecha hay un frasco lleno de papelitos que dicen: “vale por un universo lleno” y en la izquierda tengo un espejo.
No hay ser vivo que me consuele.

"Cuando el mundo tira para abajo es mejor no estar atado a nada."

It started off so well

"leves movimientos de la lengua-radar sobre los días-postre"
D.


El juego sigue. Te mataron pero sigue. Te cocinaron los deditos, pero todavía estás en carrera. Hay que seguir hasta que crezcan las alitas, o las aletas si el equipo que te tocó es el equipo de los tiburones. Pero no. A vos te tocó el de los buitres vegetarianos y además te dijeron que trabajes eso y vos sabés que no puede haber quejas.
Te leíste todo el vertedero de faltas (tres tristes tramos) y aún te quedan tres colibríes a los que en treinta minutos les tenés que enseñar a repetir tres veces tu nombre. Suena fácil? Pues te aseguro que no lo es. A ellos no les gustan los nombres propios, así que vas a tener que marearlos o escribirles sinónimos en partituras sin claves, cosa de que al primer descuido lo digan, al menos dos (de las tres) veces de corrido.
Pueden hacerlo temblando. Nadie dijo que eso no se puede.
Después viene la prueba del arado (obviamente, si pasaste la de los pajaritos). Esa consiste en que afiles bien varios discos y los pases por una cartulina rosada. Gana el que calca mejor los surcos de su propio cerebro. Puede ser el derecho o el izquierdo, al jurado ese tema no le importa, siempre y cuando se noten bien las pendientes. Si pasás esa, el resto es sencillo, porque el resto la viene de patín o de pedal.
Vos elegís (vos siempre elegís).
Si elegís patín, vas como chicotazo, pero en las curvas te vas al carajo a no ser que levantes vuelo, cosa que solo algunos, y por muy poco tiempo, podemos hacer. Y la del pedal… ah! la del pedal. A esa la hicimos todos, es una boludez. Yo creo que porque a veces nos creemos que ciertos sectores de la vida se pueden separar del todo, como pasa con las notas que mantenemos pulsadas al mismo tiempo que le damos y le damos a la pedalera. Inalterables, sonando sostenidas. Dios mío, pienso en eso y el asco se me amotina en las amígdalas como se junta la gente para tocar a sus ídolos o a San Cayetano o entre ellos, da igual.
Me da tanto asco. Pero el juego sigue.
El juego sigue. Te mataron pero sigue.

Tineola

A mí me gustaba hacerte doble click.


"Lleno de mates la encía
como para apurar los escombros


La tercera bala estuvo de más. Ya habías dejado de ver la parafernalia de luces días antes del entierro cuando los leños ya no te pasaban por la garganta y mirarme a los ojos se sentía como escalar una montaña mediana. Tu piedad me mentía cosas en un automático tan esclerosado que sostenerlo me llevaba más de la mitad del tiempo. Hacías gestos como los que aparecen en las fotonovelas de bolsillo pero yo ya no te leía. Apenas podía dar vuelta las páginas. Se me acalambraban los párpados de nada. La tragedia estaba cantada.
Nadie se hizo cruces ni respiró hondo con tu muerte.

qué cáustica se vuelve la yerba
cultivada en los frascos del silencio


Yo no hice lo que esperabas con el veneno que me pediste que te guarde, el hígado se volvió sabio desde que supo que en él dormía toda la ira que se puede contener. Por eso yo te espero debajo del toldo del hotel, a que bajen tu cuerpo. Para vomitar y que me veas. No desperdiciaría ni una sola gota. Todo para tus ojos. Todo suscripto a tu mirada de plano medio, que no ve que me voy, que no ve más que lo que importa.

pisaría cada brote
con pasos centrífugos de vos,
centro exacto


La bicicleta se oxida apoyada en alguna pared de algún barrio porteño. Vos y yo sabemos cual, pero nadie va a decirlo. Nombrarlo es como decir Palermo y no pensar en los muertos.

Siempre dejo de escribir cuando digo Palermo.
Y siempre recomienzo.
Indudablemente todavía creo en algo en mi minuto de silencio.

pero dejo que lluevas los cultivos,
que tu raíz arañe mis fondos de vidrio


Te decía del veneno y de la sabiduría del cuerpo que ya no se entrega evitando la aduana de las pieles. No. Ya no. Ahora se queda en este estado y de este lado, yo creo que tipeando trenzas, como quien teje una red suicida, descosiendo parches de atrás para adelante.
Por qué será que las agujas no nos despinchan cuando uno desteje?
Voy a tener que planchar los rulos de la lana que ya se acomodó como para quedarse siempre. Gruesas capas de finas hebras, como de gusano de seda, así el deseo, así de denso en el desorden.

no hallo estrategia que alise
las garras del llanto"


Y se hierve. Se hierve todo hasta que la maraña se disuelve en un único hilo feroz que vivorea como el sexo.
Espero pero no bajan tu cuerpo y el toldo ya no me cubre de nada.
Voy a tener que planchar y después rescatar a las polillas. Ellas se podrían ahogar en tantas lágrimas. Son tan estúpidas, mi vida, son tan endemoniadamente estúpidas.

Call Me

El cuatro siempre fue un buen número hasta que significó días.
Y para no pensar tanto yo escucho alguna musiquita inocua de los ochenta.


Di vuelta la llave y el encendido chispeó atentísimo. Estuve a punto de ponerme el cinturón, pero las alarmas iban a sonar lo mismo y el accidente no iba a tener el color que yo había buscado en la paleta.
Cuando atraviese el parabrisas voy a pensar en vos.
Un metro sesenta y cuatro de pensamiento que a determinada velocidad puede llegar a ser el tiempo justo que siempre te debí. Pensar.

La cantidad de árboles que vamos pasando no alcanzan para distraerme y la radio, ay, la radio, siempre del lado del corazón.
Soy pobre, me decís, y yo sonrío ante tu antigüedad cuando me mostrás esa moneda. "Con esta monedita te voy a conseguir la mejor habitación".
Yo sigo sonriendo. Rosario es lejos pero hay cosas peores.

Me acuerdo del día que decidimos que yo iba a manejar para que vos pudieras ver el paisaje y tomar tu vinito de la tapa del termo. Al principio, como todo, nos pareció divertido, después vendrían mi dolor de cuello y los problemas con el auto. Lo bueno, a mi ver, fue que pudimos cuidar los detalles. Como el del vino.

"La letra de la infamia viene siempre por otro carril". Vos decías frases así. Y lo mejor era que yo las entendía. O me leías en voz alta todos los carteles de la ruta o fragmentos de algún libro raro.
A veces te reías tanto.

Pasando el peaje los dos ya estábamos pensando en cómo remover tanta pintura seca pero ninguno decía nada. El auto parecía ir solo y vos hiciste tu eterno comentario sobre vidas pasadas. Después dejaste que tus asociaciones te llevaran hasta la máquina que imita la fuerza de la gravedad y te saliste con otra de tus frases brillantes. Yo te adoro por eso. Siempre.
Sin embargo, hoy no pude recordar aquella frase.

El día que me pasé al asiento del conductor estaban pasando una canción de Blondie. Cuando maniobrábamos el cambio de asientos, vos por arriba y yo pasando las piernas primero, alguno de los dos le dio un manotazo al volumen y el Call Me nos rompió los oídos.
Hace días que quiero volver a oír esa canción, pero no consigo hallarla en el equipo.

Cada tanto te quedabas dormido y yo entonces aprovechaba para quitar los ojos de la ruta y mirarte. A veces también te toqué, pero poco. Vos sabés, y el respeto.

Llegamos tarde. El conserje nos atendió de lástima. A vos te salía bárbaro el asunto ese de dar pena. En esa época a mí me gustaba tu estilo. Todo en vos me gustaba.
Después cambiamos. Pero cómo me gustabas en esa época.

Dejé mi bolso en la cama de la derecha mientras vos mirabas por la ventana y corrías las cortinas. "Mañana va a estar fresco como son tus manos a las 9 am.", me dijiste. Vos tenías cada frase.

Azores II

La mudanza de cuerpo ha de ser insignificante para los gusanos hartos de siempre lo mismo. Es la mera posibilidad lo que les quita las ganas de volar. Saber que nunca, ya es otra cosa. Sr. Gusano, a usted no. Y se elevan los aymidioses aymidiosando los cielos y el aire que los separa. Como el tiempo que falta, o como el que sobra.

En la isla todos los gusanos tienen la opción libre de batirse a duelo con quien quieran, inclusive con la opción misma. La libertad se hace valer en la isla tanto para los gusanos como para los hombres. Nadie plantea un "no" sin darte antes una oportunidad para la queja. Hay cuadernos de dos metros de espesor para cada uno, listos a llenar con quejas sobre cosas intrascendentes o no tanto. El asunto es llenarlo. Y el que lo hace primero, a Berlín, de gira por la ciudad de las paredes.
Nadie se puede quejar, pero te piden que lo hagas y te premian para eso.

Las polillas de la isla tienen cuerpo de diamante y alitas de ciruela. En cualquier otro lugar del mundo las cazarían para hacer gigantescas plantaciones de polillas y así llenarse de piedras preciosas y ricos postres y mermeladas. Sin embargo, en la isla esto no sucede. A nadie le llama la atención el material bruto con el que están confeccionadas las polillas y las matan con naftalina como en el resto del mundo si acaso ellas se atreven a comer la ropa de lana que en la isla nadie usa.
Tampoco se le ocurriría a nadie hacerse un anillo con los restos de alguna polilla que quedase en el ropero. Cuando quieren diamantes, los isleños los mandan a traer de Nueva Zelanda dónde el frío no permite ningún tipo de contaminación. Son más caros, pero los neocelandeces aceptan encantados las cajas de mariposas que les envían desde la isla como parte del pago.

Los colectivos que recorren la isla son perfectos. Hacen todo lo que deben hacer. Te levantan en la esquina (por ley no, de onda) o en la puerta de tu casa. Te llevan por el camino que elijas, el más corto, el menos lento, el más pintoresco. Y cobran siempre igual y si no tenés plata (cosa poco común en la isla) te dejan subir igual, acompañando el gesto de “arriba” con una sonrisa que hace que te enamores al instante.
Así es como los colectiveros de la isla son tan polígamos y las mujeres tan poco solteras.
La isla siempre tiene un colchón para que te caigas.

Es muy común que un buitre me trabaje las entrañas

Las aves necesitan no tener nada que se asemeje a raíces. Y el vuelo ornamental no es de mucha ayuda.
Con la lengua me limpiaría los ojos.


Pétalos frescos, de gelatina real, pus en el alma. Colectas, páginas y catálogos de espejismos. Colores. Todos. Ahora aparecen todos los colores. Como el de la luna secándose las sales. Y si en vez de colinas le decimos de otra manera? Hay tantas cosas altas. Hay tanta ceguera. Tiny loss of sight, un punto negro en la retina.
El cuarto, cúbico, perfecto si no fuese por la puerta y ese par de ventanas. Una pincelada de cemento de contacto en el parquet y un fósforo encendidísimo.
Todo se llena de fuego pesado. No levanta. Solo sube el humo, negro, denso y ocupa el ambiente.
Quien gana? La luz del fuego o la espesura del humo? Qué te mata menos?

Qué sería una early grave? Qué tan early pueden no ser las tumbas? Esta cosa se está tomando demasiado tiempo. Es una tormenta de laboratorio, una rave desierta, el tren de Noé detenido para siempre.

Todo lo que tocás te duele aunque tu dedo no esté mordido. Todo lo que mirás lastima porque tenés ese agujero negro abierto en el cuerpo. Todo lo que comés te envenena porque tu saliva te digiere desde adentro. Todo lo que tomás, sea o no tuyo, te disuelve, te diluye, te derrite, carboncito. Todo te juega en contra. Decime, vos leíste el reglamento?

A mí los murmullos me aturden. Suena el silencio y en esta elevación terrena, por llamarla de otra manera, cada pelo me dice algo diferente. Las palabras son solo expresiones usadas para nombrar con ellas cosas que están allá afuera. Lo de adentro no acepta. No se quiere nombrar en esa entrega. Sería demasiado.

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