Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Está todo bien

El osobuco, el gallo y el ropero

- Pero…estimada Reina de Corazones, anónima y no por eso menos encantadora (que, como toda Reina que se precia, sabemos que se irá al mazo…) queridísima Reina, no llore. Fíjese que el sortilegio que recae sobre nuestra heroína, la mosca, es el de NO enamorarse. No lo notó? Ella no se va a enamorar nunca. Por eso es divertida la historia. Reina! Reinona... ríase del chiste... dele... no me llore... es una mosca nomás... (...putamadre)

Había una vez, una mosca inusual que representaba al común de las moscas generales y ordinarias que volotean y revolotean por ahí, que a cada pregunta del comité epidemiológico, no respondía ni con un si, ni con un no. Nada. La mosca, nada.

(-Cómo que nada!? – dijo el gallo ciego.- Las moscas no nadan! Las moscas a lo sumo, vuelan. O se mosquean. Juas juas...!
-No sea boludo, gallito de quinta – replicó el osobuco pandillero.- Es una manera de decir y de contar la historia, infeliz. Y su chiste, al igual que usted, radicalmente idiota. Haga silencio o retiresé)


Una mosca plastilínica. Una mosca desequilibrada, frágil, loopera, sin sentido lógico de existencia. Una mosca naif, como salida del espejo de Alicia. Perdida como Eneas, o como los goles de Palermo, o como tantas cosas que no vienen al caso, al menos ahora que el tema es la mosca y no los bosques, ni los lagos, ni el hipódromo.
Esta mosca, militante de la liquidez estomacal, solía disfrutar de los atardeceres con vista al Río de la Plata, río marrón y triangular que siempre, como todos los triángulos, la embobaban y la hacían sospecharse poseedora de una incipiente tendencia lésbica, muy a pesar de su particular condición hermafrodita que, dicho sea de paso, no le molestaba en lo absoluto.
Por las noches, se dejaba retratar por artistas callejeros, aunque sólo en temporada baja, ya que a ella la aterrorizaban las alturas y muy particularmente, las de abril.
Ya para el segundo acto, comenzaba a velar sobretodos semidirigidos por luciérnagas furiosas y gigantes prejuiciosos que nunca cejaban en la lucha (que es cruel y mucha) y que no necesitan de golpes de estado, ya que con los de puño se arreglan, y con la tenacidad propia que la caracterizaba, jugaba al piedra, papel o tijera para decidir si intentaba aprender a jugar a la rayuela o si mejor reinventaba el amor. Lamentablemente, siempre empataba y al final, aburridísima de todo, se quedaba dormida hasta que, varias horas después, escuchaba el “a comeeeeeeer!!!” y con el desayuno perdido y el almuerzo servido, comenzaba de nuevo con su fantasía de sentirse alguien, y con algún que otro derecho de salvar a la perentoria humanidad.
Resumiendo... una mosca muy pelotuda. Muy.

(- No decía yo que las moscas no nadan?
- Shhhh!!!! No sea idiota, quiere)

Comentarios

No se permite realizar comentarios en esta anotación


Está todo bien © Todos los derechos reservados al autor
Sindica este sitio usando: RSS 1.0, RSS 2.0, Atom.
Esta bitácora se mantiene con Bitacoræ.
LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009