Wolves
No sé qué es lo que te alucinás, pero te aseguro que le estás pifiando fiero.El silencio in-ter-mi-na-ble. Y mirá, lo digo y es como si te escuchara. Ya nadie redunda en laureles y las miserias escriben nuestros nombres antes aún de saberse complacidas. Tamaña desvergüenza deja en el canto lo mejor de cada cosa. Y si, decís con ese dejito hippie en cuerpito de docente, así es. Y ahí dejás que los puntos suspensivos llenen el espacio que ocuparía mi certeza.
El balcón no fumador y la vereda viciosa II. Ese es el nuevo título estelar para comedia de dos mundos. Es que yo quiero que fumen, pero hasta ahí, le dije y no lo podía creer, hasta el límite que les regule el buensentir, el buenvivir, el buenmorir. En ese orden.
Dragones tuberculosos que te queman sin querer, pobrecitos, eso es lo que vi, santa la gente universal, santa, santísima es. Y la niñita en plena plena guerra por el embrión maldito que cuesta evitar. Dejen las maquinitas ruidoras que sigan pelando sueños de sus cáscaras de fondant. Abajo hay algo, creen, y llegan hasta el carozo y allá se quedan rascando dientemente el corazón de la madera, podridos de so longs so longs que les rompen el orden, el corazón y las pelotas en fracciones congruentes y de resto nulo. Batata y queso, me pedís y yo te sirvo más y más. Qué más querés mi vida, dulcecito de maní. Querés a la bandeja de plata servida en mi cabeza? Ritter (gracias, está muy muy bueno) canta como un folk, you know. Un folk de esos que tienen el bajo bajito pero que te marca entero. Y sabés (hablando de bajitos) no voy a poder ir a verte hoy, si ya sé. Y vos también sabés.
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