Azores
Laviga - 01-01-2007 23:58:04 | Categoria: Malegría otra vez
Cómo se cuentan historias si todo es infinito y lo importante ya caduco?Los helados de crema en la isla son ilegales. En los momentos de alta reflexión y heroica meditación, me molestan las razones idiotas. Es por eso que nunca intenté averiguar las causas para semejante prohibición. Sin embargo, el simple hecho de que estén prohibidos es suficiente excusa para que yo anhele un helado de crema. Y vivir en esa isla.
Los "grillos a la manteca" se preparan de manera extraña en la isla. Primero, se los cría en peceras de vidrio, alejados de otros grillos. Esto es así por dos razones. La primera, para que no aprendan los cantos típicos de la especie y la segunda, para que se identifiquen más fácilmente con los humanos y obedezcan las indicaciones de sus instructores ni bien empiece el entrenamiento. Parece que algunos desobedecen y no saltan nunca a la olla. A estos se los encierra de por vida con otros grillos igual de rebeldes hasta que enloquecen, dejan de comer y mueren o, por el contrario, se vuelven tan cobardes que comienzan a dar muestras de buena voluntad saltando con precisión matemática la distancia hipotética entre la mesada y la olla. A estos últimos, los cuidadores les dan otra oportunidad, pero ya no para el platillo original sino para otro nuevo al que entre ellos dan en llamar, "grillos saltados al cerote".
En la isla, solo descartan a los grillos rebeldes. El resto, se come todo.
Cuando un perpendítropo pierde las patas en la isla, es como si perdiera la razón de vivir y se queda quieto para siempre. Algunos, los más obstinados, sacan unas raíces del vientre que les permiten vivir como vegetales y adquirir nuevas aunque menos profundas razones para vivir.
Las religiones cada tanto se reúnen en concilios para tratar cuál de los dos tipos de perpendítropos está más cerca de dios, si los que la luchan o los que se dejan morir. La conclusión siempre es la misma: Lo mejor es prevenir la pérdida de patas en la isla. Y sacan campañas por televisión y por radio para liberarse de culpas.
Cuando a alguien se le cae una pestaña en la isla nadie dice una palabra, ni pide deseos apretándola entre los dedos, ni nada. Una pestaña caída es solo eso: un pelo que ha decidido escindirse del cuerpo. Lo que sí hacen es mirarla con desdén para hacerle saber que ha abandonado al equipo.
En la isla los equipos son parte fundamental de la economía y abandonar uno es como traicionar a la patria. En el suelo hay grandes cantidades de pestañas, pelos y uñas desertoras. El estado está evaluando la posibilidad de hacer algo al respecto.
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