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Está todo bien

Azores II

La mudanza de cuerpo ha de ser insignificante para los gusanos hartos de siempre lo mismo. Es la mera posibilidad lo que les quita las ganas de volar. Saber que nunca, ya es otra cosa. Sr. Gusano, a usted no. Y se elevan los aymidioses aymidiosando los cielos y el aire que los separa. Como el tiempo que falta, o como el que sobra.

En la isla todos los gusanos tienen la opción libre de batirse a duelo con quien quieran, inclusive con la opción misma. La libertad se hace valer en la isla tanto para los gusanos como para los hombres. Nadie plantea un "no" sin darte antes una oportunidad para la queja. Hay cuadernos de dos metros de espesor para cada uno, listos a llenar con quejas sobre cosas intrascendentes o no tanto. El asunto es llenarlo. Y el que lo hace primero, a Berlín, de gira por la ciudad de las paredes.
Nadie se puede quejar, pero te piden que lo hagas y te premian para eso.

Las polillas de la isla tienen cuerpo de diamante y alitas de ciruela. En cualquier otro lugar del mundo las cazarían para hacer gigantescas plantaciones de polillas y así llenarse de piedras preciosas y ricos postres y mermeladas. Sin embargo, en la isla esto no sucede. A nadie le llama la atención el material bruto con el que están confeccionadas las polillas y las matan con naftalina como en el resto del mundo si acaso ellas se atreven a comer la ropa de lana que en la isla nadie usa.
Tampoco se le ocurriría a nadie hacerse un anillo con los restos de alguna polilla que quedase en el ropero. Cuando quieren diamantes, los isleños los mandan a traer de Nueva Zelanda dónde el frío no permite ningún tipo de contaminación. Son más caros, pero los neocelandeces aceptan encantados las cajas de mariposas que les envían desde la isla como parte del pago.

Los colectivos que recorren la isla son perfectos. Hacen todo lo que deben hacer. Te levantan en la esquina (por ley no, de onda) o en la puerta de tu casa. Te llevan por el camino que elijas, el más corto, el menos lento, el más pintoresco. Y cobran siempre igual y si no tenés plata (cosa poco común en la isla) te dejan subir igual, acompañando el gesto de “arriba” con una sonrisa que hace que te enamores al instante.
Así es como los colectiveros de la isla son tan polígamos y las mujeres tan poco solteras.
La isla siempre tiene un colchón para que te caigas.

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