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Está todo bien

Call Me

El cuatro siempre fue un buen número hasta que significó días.
Y para no pensar tanto yo escucho alguna musiquita inocua de los ochenta.


Di vuelta la llave y el encendido chispeó atentísimo. Estuve a punto de ponerme el cinturón, pero las alarmas iban a sonar lo mismo y el accidente no iba a tener el color que yo había buscado en la paleta.
Cuando atraviese el parabrisas voy a pensar en vos.
Un metro sesenta y cuatro de pensamiento que a determinada velocidad puede llegar a ser el tiempo justo que siempre te debí. Pensar.

La cantidad de árboles que vamos pasando no alcanzan para distraerme y la radio, ay, la radio, siempre del lado del corazón.
Soy pobre, me decís, y yo sonrío ante tu antigüedad cuando me mostrás esa moneda. "Con esta monedita te voy a conseguir la mejor habitación".
Yo sigo sonriendo. Rosario es lejos pero hay cosas peores.

Me acuerdo del día que decidimos que yo iba a manejar para que vos pudieras ver el paisaje y tomar tu vinito de la tapa del termo. Al principio, como todo, nos pareció divertido, después vendrían mi dolor de cuello y los problemas con el auto. Lo bueno, a mi ver, fue que pudimos cuidar los detalles. Como el del vino.

"La letra de la infamia viene siempre por otro carril". Vos decías frases así. Y lo mejor era que yo las entendía. O me leías en voz alta todos los carteles de la ruta o fragmentos de algún libro raro.
A veces te reías tanto.

Pasando el peaje los dos ya estábamos pensando en cómo remover tanta pintura seca pero ninguno decía nada. El auto parecía ir solo y vos hiciste tu eterno comentario sobre vidas pasadas. Después dejaste que tus asociaciones te llevaran hasta la máquina que imita la fuerza de la gravedad y te saliste con otra de tus frases brillantes. Yo te adoro por eso. Siempre.
Sin embargo, hoy no pude recordar aquella frase.

El día que me pasé al asiento del conductor estaban pasando una canción de Blondie. Cuando maniobrábamos el cambio de asientos, vos por arriba y yo pasando las piernas primero, alguno de los dos le dio un manotazo al volumen y el Call Me nos rompió los oídos.
Hace días que quiero volver a oír esa canción, pero no consigo hallarla en el equipo.

Cada tanto te quedabas dormido y yo entonces aprovechaba para quitar los ojos de la ruta y mirarte. A veces también te toqué, pero poco. Vos sabés, y el respeto.

Llegamos tarde. El conserje nos atendió de lástima. A vos te salía bárbaro el asunto ese de dar pena. En esa época a mí me gustaba tu estilo. Todo en vos me gustaba.
Después cambiamos. Pero cómo me gustabas en esa época.

Dejé mi bolso en la cama de la derecha mientras vos mirabas por la ventana y corrías las cortinas. "Mañana va a estar fresco como son tus manos a las 9 am.", me dijiste. Vos tenías cada frase.

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